La
Biblia es el libro más publicado y leído de la historia. Existen más evidencias
de ella que de cualquier otro documento histórico de la antigüedad. La Palabra
de Dios puede transformarte el alma y la vida dado que no fue escrita para ser
simplemente un tratado de historia ni un libro de literatura destacado, sino que el objetivo es que la leas tanto con la mente
como con el corazón. Dios te ama y desea que tú lo ames a Él.
1. Para conocer a Dios: Dios creó el cielo y la tierra y todo
lo que está allí. Dios se complace en que le conozcamos.
Génesis 1.1 1En el
principio creó Dios los cielos y la tierra.
Jeremías 9.24 24Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en
entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y
justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
2. Para amar a Dios y disfrutar de su Persona:
Meditar en el carácter, los principios y las promesas de Dios.
Regocijarse en su amor, su cuidado y su perdón.
Salmo 119.12–18 12Bendito
tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos. 13 Con mis labios he contado Todos
los juicios de tu boca. 14 Me he gozado en el camino de tus
testimonios Más que de toda riqueza. 15 En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. 16 Me
regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras. 17Haz
bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, y
miraré Las maravillas de tu ley.
Salmo
119.162–165 162Me
regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos. 163 La
mentira aborrezco y abomino; Tu ley amo. 164 Siete veces al día te
alabo A causa de tus justos juicios. 165 Mucha paz tienen los que
aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.
3. Para conocer la Palabra de Dios:
La Escritura fue inspirada por Dios. Nos enseña la verdad y nos
muestra qué está mal en nuestra vida. Nos corrige.
2 Timoteo
3.16–17 16Toda la
Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de
Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
Salmo
139.23–24 23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y
conoce mis pensamientos; 24 Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.
4. Para entender la Palabra de Dios:
A Jesús se lo llama Verbo (Palabra) porque es la máxima expresión
de comunicación de Dios. El existió desde el principio con Dios, es Dios y creó
todas las cosas. Dijo que los que lo vieron a Él, vieron al Padre.
Juan 1.1-4 1En el
principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Este
era en el principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas,
y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En él estaba la
vida, y la vida era la luz de los hombres.
Juan 10.30 30Yo y el Padre uno somos.
Juan 12.44–45 44Jesús
clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
45y el que me ve, ve al que me envió.
Juan 14.7–9 7Si me
conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le
habéis visto. 8Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos
basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y
no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo,
pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
5. Para saber qué rumbo tomar en la vida:
La Biblia nos muestra qué debemos hacer.
Salmo 119.11 11En mi
corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.
Salmo 143.8,10 8Hazme
oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el
camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma… 10Enséñame a
hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de
rectitud.
6. Para hallar consuelo y esperanza: La
Escritura
nos alienta.
Romanos
15.4–5 4Porque
las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a
fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos
esperanza. 5Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé
entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,
2 Corintios
1.3–5 3Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios
de toda consolación, 4el cual nos consuela en todas nuestras
tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en
cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos
consolados por Dios. 5Porque de la manera que abundan en nosotros
las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra
consolación.
7. Para permitir que Dios revele nuestros pensamientos y deseos más íntimos:
Su Palabra nos ayuda a vernos tal como somos y nos convence de
pecado para que nos arrepintamos y cambiemos.
Hebreos
4.12–13 12Porque
la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 13Y
no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las
cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar
cuenta.
8. Para convertirnos en personas puras y santas:
Jesús oró por todos los creyentes pidiendo que fueran apartados
para Dios y sus santos propósitos.
Juan 17.17–23 17Santifícalos
en tu verdad; tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo,
así yo los he enviado al mundo. 19Y por ellos yo me santifico a mí
mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20Mas
no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por
la palabra de ellos, 21para que todos sean uno; como tú, oh Padre,
en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo
crea que tú me enviaste. 22La gloria que me diste, yo les he dado,
para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23Yo en ellos, y tú
en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me
enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
9. Para obedecer el gran mandamiento:
Cuanto más conocemos a Dios más podemos amarlo. El gran
mandamiento es amar a Dios con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a
nosotros mismos (Marcos 12:29-31). Jesús nos dio un mandamiento nuevo al
decirnos que nos amemos unos a otros (Juan 13:34-35).
Marcos
12.29–31 29Jesús le
respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro
Dios, el Señor uno es. 30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este
es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
Juan 13.34–35 34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a
otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35En
esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con
los otros.
Recopilado por ps. Ángel Ml. Díaz Glez.








No hay comentarios.:
Publicar un comentario