15 Que te sean gratas mis palabras y te deleiten mis pensamientos, Señor, mi fortaleza, mi redentor.
Salmo 19.15 (La Palabra: El Mensaje de Dios para mí)
En esta era de redes sociales en la que vivimos, nuestras
relaciones pueden llegar a distorsionarse, incluyendo nuestra relación con Dios.
La pandemia nos ha empujado, con desesperación muchas
veces, a estar conectados con otros a través de las redes y los medios
digitales. Pero ¿también nos conectamos con Dios con igual desesperación? ¿Anhelamos
la conexión diaria con Dios a través de Su Palabra?
Al tratar de estar rodeado por una multitud de amigos, tenemos que recordar que en Dios tenemos a un amigo más unido que a un hermano. Jesús mismo dijo: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Juan 15.14–15
Tal vez incluso te has acostumbrado a usar una máscara para
relacionarte con los demás, sin darte cuenta de que Dios ve la condición de nuestro
corazón.
El Salmo 19.15 nos invita
a que tratamos de agradar a Dios con nuestras palabras y nuestros pensamientos
a la vez.
15 Que te sean gratas mis palabras
y te deleiten mis pensamientos,
Señor, mi fortaleza, mi redentor.
No sólo nuestras palabras deben ir dirigidas al agrado de
Dios sino mucho más nuestros pensamientos. Concentrarnos sólo en lo externo
(las palabras) y dejar de lado lo interno (los pensamientos) nos lleva con
mucha facilidad a la hipocresía. Jesús reprendió duramente a los fariseos y advirtió
sobre este peligro cuando dijo:
¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo
bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo 12.34
Para que nuestras palabras sean de agrado a Dios deben ir
conectadas con pensamientos de agrado a Dios, pensamientos que según el
salmista deben estar saturados de la Palabra de Dios la cual es “perfecta,
que convierte el alma… fiel, que hace sabio al sencillo. (vs.7); recta, que alegra el corazón… pura, que alumbra los ojos. (vs.8); …limpia, que permanece para
siempre… verdad, toda justa (vs.9); …Deseable,
más que el oro… y dulce más que miel (vs.10)”.
Conclusión: Pensemos por un momento ¿son de agrado a Dios nuestros
pensamientos, consistentemente? ¿qué de nuestra forma de hablar, le es grata a
Dios? Dios no sólo escucha nuestras palabras, Él también está atento a nuestros
pensamientos más íntimos. Llenémonos con Su Palabra purificadora.
Pastor
Ángel Ml. Díaz








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